Retos del matrimonio
Por Laura Alvarez
Psicóloga
En la vida pasamos por diferentes etapas y una de estas es el nacimiento de los hijos. El nacimiento de los hijos marca una nueva fase en la vida de la pareja: pasar de una relación de dos seres independientes, a una que involucra a tres, lo que cambia totalmente la dinámica del hogar
Tanto hombres como mujeres, cuando les dan la noticia de que serán padres o madres, experimentan muchos sentimientos encontrados como alegría, ilusión, temor, duda. Muchos se preguntan acerca de los cambios que ocurrirán, o sobre la responsabilidad que implica ser padres, pero a la vez se llenan de expectativas.
El embarazo, en sí mismo, también es un período de transformaciones en la vida de la pareja, ya que la madre, en especial, experimenta cambios hormonales y físicos mientras que los dos pueden además presentar variaciones anímicas y emocionales. La madre empieza a preocuparse por su salud física, los chequeos médicos, estado de ánimo, el cual es vital pues el niño recibirá a través de ella no sólo el sustento físico para desarrollarse, sino sus primeras experiencias. Frecuentemente, el padre sufre de temor y en algunos casos, le cuesta comprender lo que su pareja puede estar sintiendo. Además presenta una tendencia a preocuparse por la responsabilidad económica que implicará tener un miembro más en la familia. Así, estas y otras preocupaciones, sentimientos y cambios, podrían afectar la relación emocional y física de la pareja y su estilo de vida.
Por estas y otras razones, antes de la llegada de los niños es importante la comunicación con la pareja, conocer lo que él o ella piensa, siente y espera. Hay que conversar sobre aspectos relacionados con la organización en el hogar, lo económico, las relaciones íntimas y laborales. Todas estas negociaciones ayudan a desarrollar una relación más cercana como pareja, y como futuros padres. En esta etapa, ambos deben brindarse apoyo, comprensión y mostrarse afectivos. Se considera primordial comprender que, aunque el nacimiento de un hijo o hija trae cambios, la relación de pareja no tiene que dejarse en un segundo plano.
En el matrimonio, la prioridad debe ser la pareja, ya que es la persona que hemos elegido para pasar el resto de nuestra vida juntos, y en la medida en que la relación sea funcional, será de gran apoyo para el desarrollo de nuestros hijos e hijas. Se debe tener presente que los hijos son importantes y necesitan cariño, atención y satisfacer sus necesidades, sin embargo, esto no debe implicar restarle importancia al cónyuge. Por el contrario, cuando nacen los hijos la relación de pareja debe fortalecerse, crecer, nutrirse, a fin de poder enfrentar con acierto los cambios y nuevos retos de esta nueva etapa que la familia inicia.
Cuando el niño que nacerá no es el primogénito, es importante preparar a los hermanos sobre el nuevo nacimiento, escuchar sus sentimientos y estar listos como familia ante la llegada de un hermanito o hermanita. Ningún nacimiento es igual, no es lo mismo el primer hijo que el segundo, el tercero que el último; no es lo mismo un niño que una niña, las circunstancias del nacimiento también son diferentes.
Cada nacimiento es trascendental, pues se inicia una nueva vida, y padres y madres son los responsables de influenciar de forma positiva en todos los aspectos de la existencia de ese nuevo ser. Lo primordial es reconocer que el amor y la atención que les brindemos a nuestros hijos e hijas, desde antes de que nazcan, tendrá consecuencias en su desarrollo físico, mental y emocional
Resulta necesario asumir esa gran tarea de manera responsable, ambos padres deben involucrarse. Las primeras manifestaciones de amor, se aprenden de los padres. Los hijos necesitan una participación activa de sus progenitores y la satisfacción de sus necesidades tanto físicas como emocionales. El apoyo que les brindemos a nuestros hijos, durante las diferentes etapas de sus vidas, y el establecimiento de reglas a seguir, son algunas de las expresiones de amor que les permitirán desarrollarse.
Los primeros añosComo padres, debemos informarnos acerca de las diferentes etapas de desarrollo por las que pasarán nuestros hijos, con el fin de comprender su evolución. En términos generales, en los primeros años de vida comienzan a descubrir sus cuerpos, en la etapa preescolar adquieren sus hábitos e inician la etapa de hacer amigos, en la edad escolar empiezan su aprendizaje formal y en la adolescencia, los amigos pasan a ser su prioridad. En cada una de las etapas, acompañarlos y compartir con ellos, es fundamental.
Uno de los aspectos que trae consigo la paternidad-maternidad es que representa una tarea continua, llena de nuevas experiencias. Cuando los padres apenas se están acomodando al cuidado del bebé, este empieza a caminar, a explorar y cuando ya se acostumbran a esta etapa, su hijo comienza la vida escolar; después vienen las tareas escolares, el colegio, el noviazgo, el casamiento y el nacimiento de los nietos. Por ello, el apoyo y la comunicación así como la adaptación constante a la nueva etapa de la vida de los hijos e hijas, constituyen la clave para llevar la gran tarea de ser padres. Es por ello, que para disfrutar al máximo esta maravillosa empresa, se debe ver este rol como una oportunidad para crecer y dejar un legado de amor en ellos y ellas.
Definitivamente, los padres pueden hacer la diferencia en la vida de sus hijos e hijas. Recuerde que su amor y su compañía representan la mejor herencia que usted les puede dar. Cada día que pasa surge una nueva oportunidad, ¡hoy no la desperdicie!









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